QUILLA o Palabra en libertad

miércoles, junio 14, 2006

VIAJE A LA SEMILLA

Jueves, Julio de 1994; 12 p.m. Boleto a Pomabamba (Ayacucho), estación de la empresa de transporte Libertadores a punto de iniciar un viaje. Este boleto sólo se sacaba una vez a la semana, así que si perdías la movilidad, caballero nomás debías esperar una semana para el siguiente ómnibus. Gente yendo de aquí para allá, cargando bultos y maletas como si fueran a realizar un viaje indefinido. Bueno yo no era la excepción, aunque soy de las personas que no gusta mucho de los equipajes y me basto y me sobro con una mochila con cosas absolutamente necesarias; pero como era costumbre en aquella época había que llevar además del equipaje de rigor, las encomiendas o encargos a la parentela que vivía en el interior del país (tíos, abuelos, hermanos, padres, en fín). Se llevaban estas encomiendas como muestra de cariño y afecto hacia estas personas; si uno no lo hacía la gente te sometía a todo tipo de críticas... un momento, nos estamos adelantando demasiado. Estábamos en lo de los equipajes, mamá Paulina preocupada por todo, arrepintiéndose por haberme perimitido realizar este viaje (en nuestra sociedad los padres son muy protectores, sobretodo, si eres hija). Intentaba relajarse conociendo a los pasajeros que irían conmigo en el viaje, así descubre que es un muchacho quien se seantará junto conmigo, entre broma y broma practicamente estaba yo apunto de formar una familia pues mi madre y la madre del chico bromeaban sobre la posibilidad de un matrimonio entre nosotros (costumbre andina), mamá preocupada aún le encargó al muchacho que por favor me ayudara en lo que pudiera.
A las 12:30 p.m., "puntualitos" (el boleto decía 12 p.m.) salimos de la ruidosa y contaminada Lima, para regresar al punto geográfico que nos viera nacer. Allá vamos directo a Sarhua. Cabe señalar que yo viajaba sola hacia un destino muy extenso, no sé porque no tenía miedo, sino que, estaba a la expectativa.
El ómnibus comenzaba a dejar atrás las zonas populosas de la ciudad, íbamos camino a Villa el Salvador, en eso se detiene, como es típido de estos buses, recogen a psajeros de ruta (sin boleto). En eso escucho una voz conocida ¡ERA MAMÁ! No lo podía creer, resulta pues, que luego de haber salido del terminal había llegado mi tía Lucrecia trayendo más encomiendas para mi abuelita principalmente y otros familiares. ¿Cómo lograron dar conmigo? En un hecho inusual tomaron el primer taxi que se les atravesó y le exigieron que fuera a toda velocidad tras el último ómnibus de la empresa Libertadores, y cual persecusión policial salieron a toda carrera a mi encuentro. Luego de las despedidas y encargos finales (algunos por cierto reterativos: "cuídate mucho", "no hables con extraños", "abrígate"...), retomamos la marcha.
Seguimos por la Panamerica Sur, principal vía por la que transitan los omnibuses rumbo al sur de nuestro país. En el trayecto me impresinaban las áreas desoladas que eran interrumpidas brevemente por pequeños campos de cultivo, a eso de las 5 p.m. salíamos oficialmente del departamento de Lima para ingresar a Ica, siguiendo la novísima vía LOS LIBERTADORES (Lima-Ica-Huancavelica-Ayacucho - 575 kilómetros apróximadamente), como es lógico, nuestras necesidades fisiológicas pedían a gritos ser atendidas, el gentío consciente de esto pidió, mejor dicho exigió al chofer solucionar este problema y él no tuvo mejor idea que detenerse junto a una casa abandonada en medio de unos sembradíos. Bajé dudando, siguiendo a la masa, fui de las últimas en ingresar a la casa abandonada en cuestión (en la ciudad empleas un urinario, no este tipo de mecanismos), luego de ocuparme de mis asuntos urinarios; salí con el último grupo de personas del lugar; ellos señalaban que en este lugar se escuchaban ruidos extraños, como que estuvieran almas en pena, no sé por qué pero antes de irnos escuchamos unos gritos ahogados y cansados, y corrímos lo más que pudimos al bus para seguir camino (¿Sugestión o realidad? Hasta ahora lo estoy razonando).
Un momento, me parece que aún no he dicho el motivo de mi viaje, bien, sucede que mis padres se "separaron" cuando yo estaba a la edad de 2 años. Lo que pasó en realidad es que soy producto de un romance muy apresurado. Ellos se conocieron en Lima. Mamá quedó embarazda a lo 18 años y papá tenía 17, cuando se enteró que venía en camino optó por desaparecer (típica actitud de padres primerizos), mamá no se amilanó y lo buscó por aire, mar y tierra, luego de ubicarlo no se soltó ni a sol ni a sombra; decidieron entonces viajar a Sarhua (a la tierra que los viera nacer) para resolver su situación existencial.
Al llegar mamá comunica a mi abuelita Gertrudes las novedades y que la única solución a esto es el matrimonio. La abuela se enfurece y dice por toda respuesta: "Te vas a casar con uno de la casa Canchari, ¿¡Te volviste loca!? Acaso no sabes la terrible casta que es esa gente; además ustedes de niños siempre andaban como perro y gato, no entiendo de dónde vino ahora el romance. ¡¡¡¡No estoy de acuerdo!!! Haz lo que quieras sin mi aprobación, además, debo viajar a Lima de urgencia pues tu hermano mayor, José, está hospitalizado".
Por otro lado, papá comunicaba a la abuelita Felicita las nuevas y de la perspectiva de boda en un futuro no muy lejano; la respuesta no se hizo esperar. "¿¡Te volviste loco!? Cómo se te ocurre emparentar con esa gente, además la viuda Gertrudes y yo no nos llevamos bien, por otro lado; es una de esas mujeres raras que odia quedarse en casa, sale a trabajar los sembríos, huertas y demás labores propias de los hombres, ¡se atreve a contratar peones! ¡¡¡¡Dónde se ha visto una cosa semejante!!! ¡Una mujer pensando y trabajando como varón! Es una mujer extraña, rebelde, nos hace quedar mal a todas las demás mujeres de la comunidad, nuestros esposos nos critican a causa de ella, pues comparan su actitud con la nuestra, y quedamos como unas ociosas al lado suyo. Y ahora me dices que te vas a casar con su hija. Ni hablar. Yo no respaldo cosa semejante, además hijoto; habiendo tantas muchachas lindas que están a tu nivel y que te merecen, escoger pricisamente esta es una mala decisión. He dicho".
Ante esta situación ambos deciden casarse secretamente, en el mes de agosto, fecha escogida tradicionalmente por los jóvenes casaderos en la comunidad, con la ayuda de parientes cercanos y amigos complices. Año de los hechos: 1975. Así se inicia la vida matrimonial de estos tórtolos.
Y como dice el dicho: "Escobita nueva barre bien." Todo iba de maravillas, al principio, pero al venir yo a este mundo (Diciembre), parece que las cosas cambiaron y aparecieron detalles que antes no eran notorios: gritos, golpes, abuso psicológico, y un largo etc (Quien diga que en el matrimonio sólo basta el amor de la pareja, es un grandísimo mentiroso.)
Cambio de planes: Para enero del año siguiente la consigna era volver a Lima, a como de lugar, las cosas en Sarhua se pusieron color de hormiga, las dos consuegras tampoco ayudaban mucho.
La casa de un hermano mayor (José), siempre resulta ser de gran ayuda. Pero la ciudad tiene sus propios retos, distintos obviamente a los de la vida rural. Sobreviven y tienen éxito quienes lo descifren y logren superarlos. Mamá lo logró, pero papá no estaba muy seguro, aún tenía muy presente las palabras de su madre "habiendo tantas muchachas bonitas..." Y así sin más ni más en silencio absoluto desapareció por 2 largos meses, en el que mamá tuvo que conseguir un trabajo más para intentar sobrevivir. El desaparecido volvió todo maltrecho y con los pies destrozados, su excusa fue que necesitaba distraerse y que por eso viajó a celebrar los carnavales en la comunidad. Mamá con una paciencia infinita curó sus heridas. Su hermano mayor no estaba conforme con esta situación y le exigía a su hermana que pusiera orden en su vida.
Desde luego las cosas ya no fueron las mismas a partir de este incidentes. En otra ocasión hubo una fiesta en la casa familiar y papá, con un ánimo de lo más alegre, dice que va a comprar una cervezas para no ser menos en el jolgorio. Pero en realidad esas no eran sus inteciones, cogió a escondidas unas pocas prendas y los ahorros de mamá, qu con dificultad había juntado, los escondió bajo sus prendas y salió de la casa para nunca más volver, ni siquiera a Lima. Sólo hasta ese día disfruté de su presencia, aunque claro no tenía en claro qué rol cumplía en mi vida.
El hecho de no haber crecido bajo su guía y presencia, me fastidiaba, nosé por qué, este hecho era como una espina en mi existencia. Al principio le eché la culpa de esta situación a mi madre, actitud injusta por cierto, luego sentí la imperiosa necesidad de conocerlo, no me pregunten por qué. Así pues, sin más a los 19 años decido ir en su busca, al descubrir donde se hallaba, además había recibido cartas suyas unos años antes.
Le envié diversas cartas, señalándole mi decisión de viajar a su encuentro, pero nunca hubo respuesta. Además mamá, cada vez que mencionaba el tema se molestaba mucho y dirigía la conversación hacia otra cosa.
Mi abuelita materna, a quien yo adoro, y que desde luego ella tenía el mismo afecto por mí, había sufrido un terrible accidente y me mandaba llamar, fue un excelentye pretexto para realizar un viaje, mamá se opuso desde luego, pero señalé argumentos tan contundentes que tuvo que ceder. Hay viajes en la vida, sin duda, que son importantes en tu existencia; porque te aclaran muchas cosas y te permiten crecer, además era de alguna manera como romper el "cordón umbilical materno" (ustedes me entieden).
Llegamos a Ica al anochecer, ya no podía divisar nada del panoprama por la ventanilla (al viajar me gusta sentarme a la ventana), salvo aquellos lugares que poseían iluminación eléctrica. Alguien dijo a las 2 a.m. que estábamos ingresando a Huancavelica. Súbitamente subió un sujeto vestido de traje militar, aunque llevaba jeans y portaba un arma de largo alcance. Señalaba que su intención era pedir "una colaboración" a la gente ya que había peligro de ataque terrorista, estábamos entrando a una zona insegura, así que si no queríamos pasar peligros, debíamos acceder a lo que nos pedía, pues, con una sola llamada de su walkie tolkie, él y su gente se retiraban del lugar. Los argumentos eran simples pero convincentes, la gente sin pensarlo dos veces colaboró sin chistar, más por miedo que por espíritu solidario. Finalmente al cabo de 30 minutos se bajó del bus y no volvimos a saber de él.
Comenzamos a ascender por las cordilleras andinas y llegamos a la parte más alta denominada Huaytará. Todo mundo comenzó a sentirse mal, sintiendo los efectos del soroche o "mal de altura". Los niños eran los más afectados. Yo sobrevivía, siguiendo "la recomendación de la abuelita", oliendo Timolina, una suerte de alcohol de color naranja y de olor fuerte, por cierto, muy efectivo.
Seguíamos trepando los andes teniendo como marco una oscuridad casi total, salvo por una luna llena que nos y el perfil de colosos que se asomaban a cada vuelta que dábamos, llegó un momento en que creí que podía tocar las estrellas por la altura en la que nos encontrábamos. No podía pegar los ojos, todo ello me parecía novedoso, era una suerte de Cristóbal Colón descubriendo los andes. peruanos.
A las 4 a.m. anunciaban que estábamos en territorio ayacuchano. El traqueteo del bus y el polvo nos estaba dejando exhaustos. Las piernas las tenía entumecidas. A las 6 a.m. estábamos a unos kilómetros de Huamanga, capital del departamento de Ayacucho. Este tramo debía realizarse en una hora apróximadamente, pero en esos tiempos se realizaban entre 4 ó 5 horas debido a que la vía no estaba pavimentada, cosa muy diferente en la actualidad.
Ahora el panorama era verde por doquiera, lejos quedó la ciudad y su bullicio, el cielo "panza de burro", típico de Lima, se mostraba un panorama impresinante que te hacía sentir tan pequeño.
A las 9 a.m. llegamos a Huamanga. Una ciudad parecida a Lima, salvo porque parece que el tiempo se hubiera detenido en ella, muchas casonas coloniales habitan sus calles y avenidas importantes.
El bus parece que no soportó el esfuerzo y se rindió, el mecánico le diagnosticó descanso absoluto, por lo menos unas horas, para revisar sus daños y demás detalles técnicos que no vienen al caso. Se nos comunicó que debíamos partir a la 1 p.m. hasta el paradero final de nuestros boletos.
Este hecho fue providencial, porque lo aproveché para estirar las piernas y conocer esta ciudad, era la primera vez que me hallaba en ella, y debía conocerla para "conquistarla". Sin duda estaba presente mi espíritu aventurero en esta actitud. Hice unas preguntas por quí y por allá, y así llegue al mirador de la ciudad denominado Akuchimay, la vista es magnífica desde este punto sobre loa ciudad. Luego bajé y fue hacia el barrio de Santa Ana, donde se hallan los artesanos, lo primero que te impacta es la iglesia del mismo nombre, luego los tapetes, retablos, tallados y de`´as obras artísticas y una vez me sentí orgullosa de ser ayacuchana. Como no quedaba mucho tiempo me fui al Mercado Central a comer algo y luego a comprar algunos dulces típicos para compartirlos con la familia... recuerdan si uno regresa a la comunidad, luego de haber vivido en Lima, sin nada, eras objeto de burlas y críticas terribles.
A la 1.30 p.m "puntualitos como siempre" salimos de la ciudad de Huamanga, hacia nuestro destino final. Verde, verde y más verde enmarcaban la pobreza, el susto, la angustia y el dolor que se había vivido, y que alparecer aún continuaba a causa del terrorismo.
A las 6p.m. nos detuvimos en un lugar denomionado Condorqocha (Laguna del cóndor) el bus dijo: "Basta, no doy más, me rindo absolutamente". Quedamos varados en medio de la nada, salvo por unos volquetes (transporte de piedras y demás materiales de construcción). la masa estaba enardecida y exigía solución al problema. El chofer practico como siempre optó por contratar uno de los volquetes, porque refería que no estaba muy lejos el lugar al que debíamos llegar.
Se inicia el trasalado de equipajes, bultos, encomiendas y demás. No sé sabe cómo pero se lograr llenar todo en esta nueva movilidad quedando apenas pequeños espacios para que nuestros pies se acomoden e ir parados junto a nuestros equipajes, por cierto en el forcejeo se rompió un costal dse azúcar, el dueño estaba devastado optó por regalar un poco a los lugareños (pastores de ovejas que circunstancialmente pasaban por ahí) para que le ayuden a a conseguir un costal o algo y poder subir el azúcar restante a la movilidad. Algunos pasajeros no parecían sorprendidos por este hecho, parecía ser cosa común en aquellas épocas.
A las 7:30 p.m. nuevamente estábamos en la vía silente hacia nuestro destino, no llevábamos ni 30 minutos de marcha cuando apareció una patrulla del ejército peruano. ¡Supervisión a todos! A bajar del volquete, documentos dijeron los recién aparecidos. Este patrullaje lo realizaban porque al parecer habían oído de un grupo senderista pululan por la zona. Algunos de los militares subieron al volquete para revisar los equipajes, yo me quedé junto a mis equipajes, no bajé para nada porque vi que otras personas tampoco lo hicieron, uno de ellos tenía 16 años, su rostyro denotaba, angustia, tristeza, confusión. Señala que había sido reclutado en su natal Cañete (comunidad que pertenece a Lima) y que luego de un breve entrenamiento había sido destacado en esta zona. Finalmente ellos se fueron, sólo el tiempo sabe que fue lo que pasó con este joven militar.
Continuamos la marcha. Ya eran las 9 de la noche del viernes, el volquete fue detenido una vez más, esta vez po un grupo de comuneros (Varayuq-Autoridades locales tradicionales) que laboraban como ronderos de su comunidad para protegerla de los terroristas. Tuvimos que someternos a una nueva inspección, se percataron que no éramos peligro y nos dejaron partir deseándonos un buen viaje.
A las 11 de la noche traqueteábamos por una vís sinuosa y polvorienta, si me viera en un spejo desde luego estaría irreconocible, hasta para mi propia madre. Me di cuenta que el chofer no conocía la ruta debido a que uno de los pasajeros le dirigía desde el toldo del volquete. Cuando pensé que ya no habrían más emociones a eso de las 2 a.m. del sábado escuchamos un bullicio y algunas balas, un nuevo control; pero esta vez, era de la comunidad a donde debíamos llegar.
¡¡¡¡Por fin, POMABAMBA!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡36 horas de viaje!!!!!!!! Las piernas casi no las sentía y practicamente había dormido, estoy en Cangallo me dije, no falta mucho.
Bajamos los equipajes y bultos aquellos que nos quedábamos en este tramo, el muchacho con el que supuestamente iba a casarme me ayudó. Llevamos las cosas a la agencia (una casa vieja y vetusta), buscaba a mi tía Antonia (hermana de mi madre), le había comunicado anticipadamente que iría. Olvidé mencionar que hasta aquí sólo había recorrido el 75% de mi viaje.
No distinguía a nadie conocido y había el peligro de perder los equipajes o que en el colmo de la mala suerte me los robaran. El volquete no retornó por donde habíamos venido, sino que continuó su camino con un pequeño grupo de pasajeros a Chuschi (lugar donde el senderismo inició sus acciones terroristas oficialmente), otro poblado perteneciente a la provincia de Cangallo.
El muchacho que me acompañó en el viaje era natural del poblado al que acababamos de llegar, y por tanto, ya no tenía ningún pendiente; pero se compadeció de mí, me encargó con la señora dueña de la agencia para que me alojara unas horas (por lo menos hasta que amanezca). Prometió volver en la mañana con unos caballos para alquilármelos y poder llegar a mi comunidad, a la que no volvía desde los 9 años y mis recuerdos eran confusos. Por cierto al joven que me ayudó le dijo: "Gracias, muchas gracias donde quiera que estés, lamento haber olvidado tu nombre".
Al pasar el alboroto, la señora de la agencia me preguntó sobre el viaje en un claro Runasimi (quechua), afortunadamente como conocía el código, no muy bien por cierto, le refería a grandes rasgos cómo estuvo la cosa, la mujer se compadeció de mí ¡Pobre limeñita, venir por estos lares en tiempos tan difíciles! Me trajo unos pellejitos (pieles de oveja) y unas frazadas para que pueda descansar, ya eran las 3 de la mañana.
Intenté dormir. Fue envano. Media hora después escuché un nuevo bullicio. Tenía miedo de que puidiera ser un ataque terrorista. Cubrí mi rostro y puse mis manos en las orejas.
Más tarde un silencio de muerte, salvo por unos gruñidos y quejidos que eran sospechosos y raros, me enterré más en mis frazadas.
Inutil esfuerzo este de pretender dormir, a las 5:30 a.m. cuando el día empezaba a clarear determino levantarme. Al hacerlo descubro de donde provenían los gruñidos y quejidos: una familia completa, incluyendo un puerquito, había pernoctado en la agencia al igual que yo. Esperaban el bus que retornaba de Chuschi con destino a Lima, como se darán cuenta las empresas de transporte no se quedaban por mucho tiempo en la zona.
A las seis de la mañana me abrigué y comnencé a ordenar mis cosas y debía decidir cómo llegar a Sarhua.
Tocan a la puerta, como no hay nadie para abrirla lo hago yo. Eran unos señores que buscaban a la agenciera para interrogarla sobre los boletos a Lima. (continuará)

MI QUERIDA NIÑA

¿Por qué lloras mi querida niña?
Si hoy eres hermosa flor
que surge a la vida.

¿Por qué lloras mi querida niña?
Si mañana el aullido
de la lejanía te lastimará
con arrullos paternales e histéricos...
(quejidos anacrónicos)

¿Por qué lloras mi querida niña?
Si mañana el amor dejará
huellas profundas en tu alma dulce
que ninguna droga moderna podrá curar.

¿Por qué lloras mi querida niña?
Si mañana tu tierna piel
presentará cardenales profundos
y te dirán que el AMOR no existe.

¿Por qué lloras mi querida niña?

martes, junio 13, 2006

SABOR A SALADO

¿Por qué fluyen cascadas de tu rostro,
sin razón alguna, querida niña?

Si mañana la lluvia que asome a tus ojos
tendrá un sabor amargo y salado.

Detén el cauce de este manantial, querida niña;
mira, un camino, míra...ve hacia adelante
un globo amarillo lo ilumina
un paso, y otro; y otro más
pronto descubrirás más...

AVANTI

Barro a la derecha
barro a la izquierda
niebla...
verde escenario
transito lentamente,
mi mente está confusa
¿De dónde vengo?
¿Hacia dónde voy?
NO es hora de filosofar
es necesario avanzar.


 
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